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martes, 1 de abril de 2014

Trekking en NEPAL (II): KATHMANDU

Hola a todos! Aquí está la segunda entrega de las andanzas de Oscar por Nepal. Hemos hablado con él y nos ha comentado que está encnatado de que le consulteis cualquier tipo de duda sobre sus viajes. Asi que anomaros a contactar con él. 

NEPAL


Hola a todos!!!


Con un área de 147.181 km² y una población cercana a los 30 millones de habitantes, este pequeño país multiétnico, multilingüe y multicultural, engullido entre los 2 gigantes asiáticos y enclavado entre las cumbres del Himalaya y la jungla de las llanuras colindantes con la India, ofrece al viajero un atractivo incomparable del que poder disfrutar de muchas y variadas maneras. Para los montañeros y ávidos de adrenalina Nepal ofrece posiblemente la colección de senderos de montaña más asombrosa del mundo. Estas míticas y cada vez más accesibles rutas muestran las vistas panorámicas más increíbles que uno pueda imaginar de las cumbres más altas de la cordillera del Himalaya, donde se encuentran 10 de las 14 montañas más altas del planeta. Para aquellos que prefieran dejarse seducir por el lado místico, sagrado y espiritual, el viajero descubrirá una fascinante mezcla de hinduismo y budismo tibetano a todo lo largo y ancho del Valle de Kathmandu, donde centenares de templos, estupas y plazas medievales salpican de cultura y tradición cada rincón imaginable. También las llanuras subtropicales del Terai albergan numerosos parques naturales con una variedad de flora y fauna salvaje que harán las delicias de los más exigentes amantes de la naturaleza.

Capital de Nepal: Kathmandu
Idioma: Nepalí, aunque se hablan hasta 100 lenguas distintas en todo el país
Moneda oficial: Rupia Nepalí (1€ = 134 NPR)
Gobierno: República Federal Parlamentaria
Partido en el poder: Partido Comunista unificado de Nepal (Maoista)




KATHMANDU   DIA 11 Oct

Aterrizamos en Kathmandu el 11 de octubre a última hora de la tarde después de una infernal escala de casi 11 horas en Doha (Qatar)...había vuelos con escalas inferiores pero fuera de nuestro modesto presupuesto. Y para colmo, tuvimos que permanecer un par de horas más haciendo cola dentro del aeropuerto hasta que los diligentes funcionarios de inmigración tuvieron a bien hacernos el visado. 

Menos mal que Shishir se ofreció desinteresadamente a recogernos en el aeropuerto y llevarnos a nuestro hotel en el centro de la ciudad. El corto trayecto que separa el aeropuerto de los barrios más céntricos, apenas 15 minutos, sirvió para advertir, entre otras cosas, el clima festivo, el bullicio, el tráfico y el aparentemente caótico ritmo de vida al que nos enfrentaremos en los próximos días. Una vez soltamos los bártulos en la habitación del hotel, buscamos un lugar cercano donde cenar algo y poner punto final a un día tan agotador. 
Los próximos 3 días permaneceremos en Kathmandu y si todo va bien el día 15 de octubre abandonaremos la capital para dirigirnos hacia el lugar de inicio del trekking.


KATHMANDU   12, 13 y 14 Oct

Al día siguiente volvimos a encontrarnos con Shishir a primera hora de la mañana, pues había ciertos aspectos relativos al trekking que debíamos concretar sin falta. Lo más importante consistía, sin lugar a dudas, en obtener a tiempo la documentación necesaria para emprender el trekking y es que, debido a las festividades de esta época del año en Kathmandu, resultaba más complicado de lo normal gestionar algunos de los permisos necesarios para entrar en las áreas protegidas de montaña que gestiona el gobierno nepalí, y para bien o para mal se necesitaba el visado con el pasaporte original, razón por la cual no se podían obtener los permisos con anterioridad. Shishir nos advirtió que, aunque intentaría realizar los trámites con la mayor diligencia posible, no podía asegurarnos con certeza que la documentación estuviera lista para la fecha prevista de inicio del trekking, detalle este que podía trastocar ligeramente nuestros planes. En definitiva, sólo podíamos esperar a que en los próximos días llegaran buenas noticias. Una vez concretados los detalles de la expedición, organizada la logística y aclaradas las dudas de última hora, teníamos pista libre para lanzarnos a descubrir la ciudad durante los siguientes 3 días. 

El primer día lo empleamos básicamente en hacernos una composición de lugar de este auténtico laberinto que es Thamel, el turístico y mochilero barrio del centro de la ciudad donde nos alojamos. Hemos elegido un sencillo, económico y bien situado hotel en el centro del casco antiguo, donde la mayoría de los atractivos turísticos quedan a tiro de piedra. 



Nos dedicamos a pasear sin dirección alguna, aprendiendo a orientarnos entre la maraña de callejuelas e identificando potenciales establecimientos donde desayunar, comer, cenar y realizar las compras necesarias en lo que a material de montaña se refiere, ya que debíamos equiparnos convenientemente antes del inicio del trekking. Se trate de la calle que se trate, uno advierte en unos pocos minutos que todas son prácticamente iguales; hoteles y restaurantes para mochileros, agencias de senderismo, tiendas de pashminas, souvenirs y material de montaña abarrotan todos los rincones de Thamel. 

Las tiendas de ropa y material de montaña son uno de los mayores reclamos turísticos, ya que se pueden obtener prendas de más o menos buena calidad a precios de saldo. Las imitaciones (no falsificaciones) de ropa térmica, pantalones, chaquetas, sacos de dormir y mochilas de marcas como North Face, Mammut, Salewa, Arc teryx, Marmot, Patagonia, etc. llenan las perchas y estanterías de cada tienda. El regateo es obligatorio y si se hace con método y paciencia, el éxito está asegurado. Es inevitable pensar que por 20 € se pueda comprar una chaqueta técnica de montaña de cierta calidad (Gore-tex, Wind Stopper, etc.), pero hasta que no se utiliza es imposible saber si de verdad se ha hecho una buena compra. Por regla general, las membranas y la materia prima de estas prendas son auténticas, la diferencia radica en detalles como las costuras, las cremalleras y acabados en general, pero por 20€...qué más se puede pedir?? Tras comer, seguir paseando y realizar nuestras primeras compras, se nos echó la noche encima sin avisar. A las 6 de la tarde ya era noche cerrada. Tras cenar en un restaurante típico nepalí próximo al hotel, echamos el cerrojo al día y nos metimos en la cama. Mañana sería otro día.

Al día siguiente, a primera hora de la mañana, Shishir nos esperaba en la puerta del hotel con buenas noticias: toda la documentación estaba en regla, los permisos gestionados y los pasaportes de vuelta en nuestros bolsillos, lo que significaba que comenzaríamos el trekking cuando teníamos previsto. Además nos presentó a Bam, el aguerrido y experimentado guía de 37 años que nos acompañaría en nuestra travesía por las montañas, un tipo afable y cordial con el que a partir de ahora compartiríamos grandes vivencias a buen seguro.

Con la tranquilidad de que afortunadamente todo estaba en orden, nos echamos a la calle en busca del lado más festivo y cultural de la ciudad. En estas fechas se celebra el Festival de Dashain, que constituye la celebración nepalí más importante del año y dura, nada más y nada menos que 15 días. Es típico celebrarlo en familia, por lo que en estos días se producen miles de desplazamientos, lo que hace que el transporte se resienta considerablemente. También puede resultar complicado encontrar alojamiento, muchos establecimientos cierran días concretos y contratar guías puede resultar bastante más caro de lo habitual. 
La parte positiva es que la plaza Durbar, auténtico centro neurálgico del casco antiguo, se llena de color, fervor y tradiciones. 




Desde nuestro hotel apenas se tarda un cuarto de hora en llegar a Durbar, si bien decidimos dar un rodeo para empaparnos de la frenética actividad que inunda las calles en esta zona. El barrio entero al sur de Thamel es un mercado callejero continuo donde se vende fruta, verdura, carne, especias, flores, etc., viejos artesanos realizan oficios casi olvidados y las colas para realizar ofrendas en los innumerables templos que surgen de cada esquina, son continuas. 

Poco después, llegamos a la plaza Durbar, en medio de una gran aglomeración de visitantes, si bien lo que más llamó mi atención fue que turistas éramos en realidad muy pocos. Y como buenos turistas, teníamos que pagar por entrar en la plaza!! Cualquier acceso a la plaza estaba vigilado y flanqueado por la correspondiente caseta y vigilante que exigía el pago de la entrada que, dicho sea de paso, no era moco de pavo. El importe era de 750 rupias por persona, por turista mejor dicho, pues los lugareños no pagaban. Después de rodear la enorme e intrincada plaza encontramos un resquicio en la retaguardia del lado sur y al cobijo de unas estrechas callejuelas accedimos al interior de la plaza sin rascarnos el bolsillo. La cantidad de templos y monumentos que contiene la plaza es abrumadora y sin lugar a dudas constituye una verdadera obra maestra de arquitectura Malla medieval. En ningún momento nos planteamos visitarlo todo, resultaba inabarcable, por lo que decidimos pasear por las 3 plazas de que consta en realidad la plaza Durbar. En seguida nos percatamos de que lo mejor de aquel lugar, además de su esplendida arquitectura, era sin duda la gente que la transita. 

Hombres, mujeres y niños, hinduistas y budistas conviviendo en total armonía, ataviados con sus mejores galas paseaban por la plaza y se aglomeraban en los templos para rezar y realizar las ofrendas pertinentes. En concreto, el Templo de Taleju que con sus 35 metros de altura domina la plaza Durbar, abre sus puertas únicamente durante la fiesta de Dashain, provocando colas kilométricas que alcanzan incluso los alrededores de la plaza. Posiblemente la mejor forma de apreciar el ir y venir de sus gentes, las costumbres y la idiosincrasia de aquel momento y aquel lugar es observarlo todo con calma sentado en las escalerillas de cualquiera de los templos de la plaza. La lluvia, fina pero incesante, no ha dejado de caer desde que amaneció pero no desluce en absoluto este auténtico frenesí de ritos y ceremonias en que se convierte Durbar estos días festivos. 

Precisamente, uno de los principales rituales de la fiesta de Dashain es el sacrificio de miles de animales por los templos de todo el país y, por suerte o por desgracia, fuimos testigos directos de la decapitación de algunas reses en plena plaza.  La cabeza se colocaba en el altar, mientras el resto del cuerpo se desangraba a los pies del templo. La escena resultaba bastante desagradable, la verdad.
Después de comer dedicamos el resto del día a pasear por las calles de Thamel y hacer algunas compras. La lluvia no ha cesado en todo el día y tampoco nos permite hacer mucho más.

El siguiente y último día en Kathmandu amaneció con un aguacero tremendo que no dio tregua en ningún momento del día, lo que echó por tierra cualquier intento de visitar cualquier rincón de la ciudad salvo las cafeterías, restaurantes y tiendas de montaña donde adquirimos las últimas prendas y enseres necesarios para el trekking.
Esperemos que pronto deje de llover porque tenemos el comienzo del trekking a la vuelta de la esquina.

Besos y abrazos

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por el reportaje.... me ha encantado..... espero el siguiente....

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    Respuestas
    1. Mhucas gracias a ti, Ageitos! a nosotros también estamos esperando a ver que nos cuenta en el siguiente post!
      Un abrazo

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